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martes, 10 de enero de 2023

Segundas partes que sí fueron buenas

"Segundas partes nunca fueron buenas". La frase se usa a menudo cuando vemos una secuela que termina siendo un bodrio. Y aunque esto suele pasar -o sea, que las segundas partes en general sean una mie***- la verdad es que hay varias excepciones que confirman la regla. De hecho, hay bastantes y muy buenas, y de eso vengo a hablaros hoy.  Por tanto, la pregunta que vengo a responder sin irme por las ramas es: ¿Qué segundas partes de películas fueron mejores que las primeras? 

Seguro que ya tenéis alguna en mente y estáis pensando que se me va a olvidar mencionar esa película tan perfecta, esa segunda parte tan sublime de la que solo se acuerda vuestro privilegiado cerebro. Y sí, se me va a olvidar. Esa de naves y de sables láser con la que os ponéis tan pesados. Por lo tanto, esos pocos elegidos estáis en vuestro derecho de dejar de leer este artículo ahora mismo. Los demás, los que seguís perdiendo el tiempo por aquí, podéis dejar un comentario abajo con vuestras mejores segundas partes. Si os place.

P.D. Estaba intentando darle un toque de humor al párrafo anterior pero soy incapaz. No os cabreéis. Vuestros defectos como lectores son mi fracaso como escritor.

"Cómodo, tengo que contarte una cosita”.


Terminator 2: El juicio final (1991)

La de James Cameron es una de las mejores películas de acción de la historia. Se estrenó en 1991, cuando los efectos digitales no eran tan comunes, y sorprendió sobre todo por un T1000 de metal líquido capaz de regenerarse aunque lo acribillaran a balazos. ¿Cómo habían podido crear aquellos efectos especiales tan magníficos? El público de la época se frotaba los ojos y contemplaba con la boca abierta al poli de las orejas soplonas, pues el terminator "malo" exhibía todos y cada uno de sus trucos durante la película: atravesaba la cabeza de alguien convirtiendo su dedo en cuchillo, volvía a construir su cuerpo como si de Bu o Célula se tratara, cerraba sus heridas de papel albal -me lo sigue pareciendo- en un periquete... Hacía de todo.

Pero Terminator 2 era mucho más que unos efectos especiales sobresalientes. La película de James Cameron contaba también con grandes personajes, como una Sarah Connor -Linda Hamilton- que podría haber liderado a los 300 espartanos de Leónidas, o un terminator "bueno" encarnado por Arnold Schwartzenegger que terminaba entendiendo los motivos del llanto humano. Sin olvidarnos de Edward Furlong y Robert Patrick, futuro líder de la resistencia y T1000 respectivamente. Todos estaban muy bien.

Lo bueno de Terminator 2 es que fue una película de acción con escenas que se rodaron de verdad, algo así como lo que hizo que Mad Max Fury Road fuera tan condenadamente buena pero que habíamos perdido durante tanto tiempo. En 1991 ese exceso de efectos digitales aún no había llegado y en Terminator 2 se nota. Había persecuciones, asesinatos, tiroteos... Era un no parar. Y lejos de aburrirnos, James Cameron consiguió mantenernos enganchados a su película y a la historia que nos estaba contando. Que dicho sea de paso, tenía su miga, con viajes en el tiempo y máquinas que se rebelaban contra sus creadores. Terminator 2 es una película maravillosa.

Aliens: El regreso (1986)

Lo tenía difícil James Cameron con la segunda parte de Alien porque El Octavo Pasajero fue una gran película de terror. Tanto, que el director canadiense decidió que su secuela cambiaría de género. Es cierto que el terror de los Aliens continuaría ahí, pero Aliens: El regreso terminó siendo una película de acción. Y fue un acierto, pues quizá sea a día de hoy la mejor película de acción de todos los tiempos. Sin exagerar.

Con un tono mucho más militar, la segunda entrega de Alien nos cuenta que el planeta de estas entrañables criaturas ha sido colonizado. Pero un día se pierde la comunicación con la colonia y se envía una expedición de marines espaciales para investigar qué ha pasado. ¿Se habrá quedado dormido el vigilante? ¿Estarán de vacaciones todos los de mantenimiento? Para responder a estas y a otras cuestiones tenemos a Ripley otra vez -Sigourney Weaver-, quien decide comerse este marronazo porque tiene pesadillas.

Aliens: El regreso es una gran película por la tensión que transmite, por su ritmo y por sus carismáticos personajes. Y además tenemos un gran villano, esa reina alien que se enfrenta a Ripley en un épico combate final. Peliculón.

El Padrino. Parte II (1974)

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, un grupo de jóvenes decidió hacer una maratón para ver las tres películas de El Padrino en un día. La juventud a menudo implica inconsciencia, y efectivamente aquel grupo de temerarios e inexpertos muchachos no fueron conscientes de la auténtica magnitud de su proyecto. ¿Ver las tres películas de El Padrino en unas doce horas? Era posible, pero serían necesarias diez horas para verlas, lo que implicaba madrugar -imposible con aquellas edades- y no alargarse con las comidas. Pero los jóvenes ni se plantearon que aquellos obstáculos eran insalvables. Se veían capaces. Obviamente, el día D no lograron su objetivo, pero al menos sí vieron las dos primeras películas de El Padrino. Y después salieron de fiesta, claro. Y como les habían dicho que la tercera era la más floja, se quedaron contentos a pesar de no verla.

Por supuesto, yo no tengo nada que ver con aquellos chavales, pero sí he visto las películas de El Padrino -sí, terminé viendo la tercera- y lo cierto es que la segunda parte de El Padrino es para mí la mejor

Aquí tenemos dos historias paralelas perfectamente hiladas. Por un lado, Coppola nos cuenta la elección de Michael -Al Pacino- como jefe de los negocios familiares; y por otro, asistimos a los orígenes de Don Vito Corleone, con un Robert de Niro descomunal, en los que veremos cómo se fraguó la figura del líder que conocimos en la primera parte de la trilogía.

¿Que por qué pienso que esta parte es mejor que la primera? Por su ritmo, por su guion. Pero sobre todo porque la historia de los orígenes de Don Vito Corleone es espectacular. Un gran Robert de Niro.

Mad Max 2. El guerrero de la carretera (1981)

George Miller solo tardó dos años en volver a la carga con Mad Max. Si en la primera entrega (1979) asistíamos a la creación del personaje protagonista con esa tragedia que lo convirtió en lo que es, en El guerrero de la carretera conocimos a un Max en pleno apogeo. Mel Gibson hizo un gran papel como el típico antihéroe: Max es un tipo duro, solitario, parco en palabras y con una herida emocional enorme. Pero también es un personaje con ganas de ayudar a los vulnerables aunque sea por puro egoísmo. Porque aquí el objetivo es sobrevivir.

En El guerrero de la carretera, Max, tras el holocausto nuclear, inicia una lucha para ayudar a una colonia superviviente que suele ser atacada por un grupo de violentos. La gasolina escasea y se ha convertido en un bien muy codiciado. Asistiremos a un futuro postapocalíptico lleno de arena, vehículos, gente violenta y persecuciones que logran construir una película adictiva y llena de acción.

Mad Max 2 es mejor que la primera porque aquí ya estamos en la cresta de la ola: Max se ha convertido en un antihéroe solitario y marcado para siempre por su pasado, y además hay tíos con cresta, un tipejo cachas con máscara que habla con la voz distorsionada, un "niño perro extraño" que maneja el boomerang con la pericia de un atleta olímpico y, bueno, gentuza de todos los colores. Además, si hubo una película que influyó en Hokuto no Ken, ese manga y anime que tantas alegrías nos dio, fue sin duda ésta. Por tanto, no hay más preguntas, señoría. Mad Max 2 es un clásico del cine.

El caballero oscuro (2008)

Aunque soy de esos tíos raros que disfrutan más con el Batman de Tim Burton -y sobre todo con su sonriente Joker-, hay que reconocer que la trilogía de Nolan está muy bien. Sin pasarnos, sin decir que es una de las mejores películas de todos los tiempos -que os veo venir y obviamente no lo es-, pero está bien. Y como suele suceder con las trilogías, la segunda parte es la que más acción tiene. Al fin y al cabo, la segunda entrega de una trilogía suele mostrar al héroe haciéndose grande y en pleno apogeo, repartiendo mamporros, espadazos o lo que sea menester. Aquí el Batman de Nolan y Christian Bale propina, entre otras cosas, una buena tunda al oscarizado Joker de Heath Ledger. Y éste se ríe sin parar, seguramente debido a la voz afónica de Batman.

El caballero oscuro es una gran película de acción con persecuciones, atracos, tiroteos y peleas. Hay tensión, buenos diálogos y una trama caótica. La película lo tiene todo. Pero además, la cinta de Nolan cuenta con tres personajes a cada cual más interesante: el Joker, la estrella de la función, un tipo que representa el caos más absoluto; Harvey Dent, interpretado por Aaron Eckhart, fiscal del distrito que terminará convirtiéndose en dos caras; y Batman, claro, un rico loco empeñado en sacrificarse por la ciudad de Gotham. Cada uno de estos tres personajes tiene sus fantasmas, su trasfondo y sus propios conflictos y preocupaciones.

Si me preguntaran cuál es la mejor película de super héroes que he visto y consiguiera no dejarme llevar por la nostalgia, mi respuesta sería El caballero oscuro. Porque la cinta de Nolan es, sobre todo, una gran película de acción. En realidad la puede ver cualquiera, le interesen o no los súper héroes, lo cual es bastante decir. De modo que sí, El caballero oscuro es mejor que Batman Begins y se merece estar en este listado. Ah, y se encuentra a años luz de las películas de Los vengadores. Tenía que decirlo.

martes, 19 de abril de 2022

Ocho libros que quiero leer este año

Parece que 2022 acaba de empezar y dentro de nada entramos en mayo. En apenas ocho meses estaremos otra vez atragantándonos con las uvas y celebrando que nos queda un año menos para morir. O que aún seguimos vivos, pensarán los que no son tan cenizos como yo. El caso es que nos plantearemos nuevos y firmes propósitos que el año que viene no cumpliremos, pero hasta entonces tendremos tiempo para, entre otras cosas, leer unos cuantos libros.

Últimamente me he dedicado a leer a Stephen King y Joe Abercrombie, dos autores que no necesitan presentación. De Stephen King leí Joyland (mi reseña) y La Tienda (mi reseña). En cuanto a Joe Abercrombie, os hablaba hace poco de Un poco de odio (mi reseña) y El problema de la paz (mi reseña), primera y segunda parte de la trilogía La Era de la Locura. Ahora mismo estoy con el tercero y me está encantando, ya sabéis que es uno de mis autores favoritos. Pero ¿con qué me pongo cuando termine esta trilogía?

He creado un listado de libros que quiero leer este año. Casi todos son de fantasía y se me ha colado algo de novela histórica y otro poco de terror. Son ocho libros, uno para cada mes, y la verdad es que tienen todos una pinta buenísima. Vamos con ellos.

La sabiduría de las multitudes (Joe Abercrombie)

Mi lectura actual. Como os decía, es la tercera parte de la trilogía La era de la locura, de Joe Abercrombie, y me esta´gustando mucho ¿Pero cómo? ¿Que no habéis leído todavía al autor inglés? Pues ya estáis tardando. Fantasía oscura y sangrienta, pesimismo y humor sarcástico. Personajes memorables y frases lapidarias. Lecciones de vida. Grimdark, en definitiva. Como diría Logen, "hay que ser realistas". Pero si queréis saber más, por aquí os dejo el artículo que escribí explicando por qué hay que leer a Joe Abercrombie.

El caballero de los siete reinos (George R. R. Martin)

El señor barbudo de Juego de Tronos ha escrito más cosas además de su famosa saga Canción de Hielo y Fuego. Cosas como relatos de terror y ciencia ficción o novelas ambientadas en el mundo de Poniente pero en otra época. El caballero de los siete reinos es una de esas obras. Son tres cuentos que narran las aventuras del caballero errante Dunk y su escudero Egg y que suceden cien años antes que Juego de Tronos. Casi cuatrocientas páginas de fantasía medieval con duelos, sangre y aventuras. No puedo esperar a leerlo.

Filos mortales (Joe Abercrombie)

Una antología de relatos que transcurren en el Círculo del Mundo, el universo sangriento y despiadado creado por Joe Abercrombie. El escritor inglés nos cuenta más sobre personajes como Glokta, Logen Nuevededos, Curnden Craw, Shevedieh la ladrona y Javre. Muy interesante si queréis conocer el pasado de Sand dan Glokta cuando era un joven y diestro espadachín y aún no se había convertido en un tullido y desdentado torturador; o si queréis conocer a Logen Nuevededos cuando aún era amigo de Bethod, el padre de Calder y Scale que quiso unir todo el Norte. Un libro para los fans de Abercrombie.

La mejor venganza (Joe Abercrombie)

Y más de Abercrombie. Me he propuesto ponerme al día con el autor inglés y a La mejor venganza aún no le he hincado el diente. Tiene buena pinta, y eso que he escuchado opiniones de todo tipo sobre este libro: unos dicen que no es el mejor de Abercrombie, pero también hay quienes se declaran fans acérrimos de esta obra. La Mejor Venganza nos cuenta la historia de Monza Murcatto, la Serpiente de Tailins, a quien un día traicionan y decide vengarse. Y ya está. 

Vale, ya sé que no es el argumento más original del mundo, pues la venganza es un tema tan viejo como la historia del ser humano, pero eso es lo de menos. Lo bueno es la manera de narrar de Abercrombie, los personajes y los chorros de sangre que nos aguardan en esta novela. Estoy seguro de que se trata de una lectura peliaguda, lo que la convierte en una novela interesantísima. Por lo que he leído en la trilogía de La era de la locura, la Serpiente de Tailins es una mujer de armas tomar. Veremos.

Tierras rojas (Joe Abercrombie)

Y con esto ya estaría al día con el escritor de Lancaster. Seguiremos los pasos de Shy Shur, quien tendrá que rescatar a sus hermanos con solo dos bueyes y su padre adoptivo Lamb. Se tendrá que aliar con Nicomo Cosca, un personaje clásico de la obra de Abercrombie, y su abogado Temple. Leo por ahí que es una novela coral, con muchos personajes, y que no hace falta haber leído otros libros del autor para disfrutarla. Un western pero con espadas. Tiene muy buena pinta.

Roma soy yo (Santiago Posteguillo)

Santiago Posteguillo fue mi autor favorito durante años gracias a su trilogía sobre Escipión. Su manera de narrar sencilla y visual y su capacidad para recrear batallas me engancharon como ningún libro había conseguido hasta entonces. Devoré prácticamente todo lo que publicó el autor de Valencia y me interesó la historia de la antigua Roma, un mundo apasionante. Posteguillo ya ha publicado novelas sobre Escipión, Trajano y Julia Domna, y ahora es el turno del romano más famoso de la historia: Julio César.

Roma soy yo es el primero de una saga sobre Julio César. Posteguillo no pretende publicar uno o dos libros sobre este gran personaje, sino entre seis y ocho tomos. Al fin y al cabo, Julio César da mucho juego: Posteguillo tendrá que hablar de los inicios de César, de la guerra de las Galias, de la guerra civil, de lo sucedido con Cleopatra, de su muerte apuñalado en el senado. En fin, de muchas cosas. Dice el novelista de Valencia que es su gran proyecto y que ahora por fin está preparado para acometerlo. Estamos de enhorabuena, pues tenemos Julio César para rato. A disfrutarlo.

El arcano y el jilguero (Ferrán Varela)

Tengo una deuda pendiente que espero saldar este año con Ferrán Varela. Confieso que aún no he leído nada de este escritor de Barcelona, y eso que he me han llegado opiniones muy buenas sobre sus libros: que es fantasía de la buena, que es grimdark, que tiene una imaginación desbordante, que sus personajes son geniales... En fin, que tengo que leerlo ya.

El arcano y el jilguero es una novela de fantasía oscura que nos cuenta las andanzas de Mezen el Ariete, un demonio inmortal que disfruta desollando a sus víctimas. Y no sé a vosotros, pero a mí solo con esto me ha ganado. Mezen el Ariete es un torturador al servicio del imperio que se justifica a sí mismo diciéndose que todas las barbaridades que ha cometido han sido por un bien mayor. Pero un día conoce a Nara, una huérfana que no lo trata como al monstruo que él cree ser.

Cementerio de animales (Stephen King)

Ya, ya sé que este tendría que haberlo leído, pero uno no puede estar a todo y espero ponerle remedio antes de que termine el año. Dicen los fans, los lectores constantes de King, que Cementerio de animales es uno de los mejores libros del escritor de Maine, y que su final es lo más aterrador que han leído. Vamos, que hay que leerlo. No he visto la película y no pienso hacerlo hasta que lea novela para ver si realmente me sorprende tanto como debería.

"Louis lo había comprobado: el gato estaba muerto, y por eso lo había enterrado. Aun así, incomprensiblemente, el gato había vuelto a casa". Esto es lo primero que uno lee en la sinopsis del libro: un gato que muere y que resucita, y que vuelve a casa con cara de pocos amigos. Y un cementerio de animales que esconde un poder maligno. Ahora que lo pienso, no sé cómo demonios he conseguido no leer este libro aún. Quiero leerlo ya.


Y hasta aquí mis intenciones lectoras para lo que queda de 2022. ¿Os interesan alguno en concreto? ¿Me recomendáis algún otro libro? Os leo.


Entradas relacionadas:

- Reseña de Joyland (Stephen King).

- Reseña de La Tienda (Stephen King).

- Reseña de Un poco de odio (Joe Abercrombie).

- Reseña de El Problema de la Paz (Joe Abercrombie).

jueves, 14 de abril de 2022

Los mejores personajes de Oliver y Benji

Eran tiempos de bollycao y de fútbol en la plaza. Las preocupaciones se reducían a conseguir el cromo que nos faltaba o a ganarle el partidito a ese amigo que se había puesto chulo. Pero cuando llegaba la hora no había merienda que valiese ni partido de fútbol en la plaza que mereciese la pena. Porque cuando empezaba Oliver y Benji todos marchábamos raudos a casa. Nuestra prioridad eran los dibujos japoneses de moda, aquellos en los que veíamos a niños de once años llenar estadios y agujerear redes como si tal cosa. Aquello era lo más alucinante que habíamos visto en nuestra corta existencia y Oliver era un fuera de serie. Como Benji, como Tom. Unos genios todos ellos. 

Sin embargo, Captain Tsubasa tuvo también su parte oscura, sus perdedores y sus momentos macabros, y de ellos vengo a hablaros hoy. Y es que la derrota tiene su romanticismo, su épica, a menudo con la victoria tan cerca pero a la vez tan lejos. Como Aníbal cuando tuvo a Roma de rodillas, o como el Atlético de Madrid en aquella final de la Champions que terminó igualando Ramos de cabeza en el tiempo añadido. Porque sí amigos, la derrota a veces es dura y cruel como la vida misma y se empeña en producirse de la manera más dolorosa posible. Quizá por eso siempre me han caído mejor los perdedores, qué le vamos a hacer. De modo que aquí va mi ranking de mejores personajes (o debería decir perdedores) de Oliver y Benji.

 

Julian Ross: la figura que jamás ganó un Campeonato Nacional

Julian Ross era el futbolista más prometedor de la serie. Cuando Oliver era un don nadie este tío ya salía en revistas y se contaban maravillas sobre él: era técnico, buen pasador, gran rematador y el mejor líder sobre el terreno de juego. También tuvo algún que otro comportamiento machista, como un tortazo a lo Will Smith en una escena que sería impensable en los dibujos animados de hoy. Sin embargo, nadie protestó por esto y se ensalzaron las virtudes de Julian Ross, que las tenía y muchas. Pocos dudaban de que se trataba del mejor futbolista que iba a tener Japón. ¿Oliver? ¿Mark? ¡Ja! Nada en comparación con este genio.

Pero la vida es cruel y despiadada, y Julian Ross, a pesar de ser el mejor, jamás pudo ganar un torneo nacional. Y no porque no tuviese nivel, que como digo le sobraba, sino porque estaba enfermo del corazón. El pobre chaval.

Eso sí, nadie se atrevió a quitarle la ilusión. Os acordaréis de que cuando jugó las semifinales contra el New Team de Oliver estuvo a punto de darle un jamacuco. Julian estaba arrodillado con la mano en el corazón, la mirada perdida y la lluvia cayendo. La joven estrella estaba hecha un cristo y su vida parecía pender de un hilo. ¿Saldrá de esta? Nos decíamos nosotros con el corazón en un puño. Pero ni el entrenador lo sustituyó, ni sus padres pidieron el cambio ni el árbitro paró el partido. ¿Para qué? "No vamos a quitarle la ilusión al chaval", dijeron los progenitores de Julian Ross. O algo parecido. Y siguió jugando.

Afortunadamente no hubo que lamentar la muerte de nadie, pero como Julian Ross no pudo correr más y sus rivales sí, la selección natural siguió su curso y el New Team terminó eliminando al Mambo Fútbol Club (vaya nombrecito). Así que el jugador más prometedor de Japón no pudo triunfar. 

¿Aprendió la lección Julian Ross? Pues no, continuó jugando al fútbol a medio gas a pesar de su enfermedad. Se dedicó a ejercer de segundo entrenador (supongo que para explicar a todo el mundo en qué consistía el fuera de juego) y a jugar solo cuando las cosas se ponían demasiado feas. Nunca pudo rendir al cien por cien, pero nadie duda de que era el mejor. Una pena.

Patrick Everett: el delantero que fallaba más que una escopeta de feria

Un New Team plagado de estrellas había ganado el Campeonato Nacional. Un par de años después el equipo de Oliver se proponía volver a revalidar el título, pero aquel equipazo que se había impuesto en la final al Muppet de Mark Lenders ya no era el mismo. Ya no estaba Benji ni tampoco Tom Baker. Y aunque a algunos nos costó darnos cuenta, en el nuevo New Team tampoco estaba Jack Morris. ¿Y quién es ese? Preguntará alguno. La pregunta es lógica porque Jack Morris era un tipo prescindible. Vamos, que no era precisamente una estrella, pero quizá él no lo vio así.

Jack Morris era uno de los defensas del New Team campeón. Tenía una voz desagradable y una equis extraña entre las cejas y la nariz. No se dio cuenta de que si había ganado el campeonato había sido gracias a Oliver, Tom y Benji, así que se vino arriba y abandonó el New Team en busca de algo mejor. Se hizo jugador del Otomo y allí confió en las habilidades de otra estrella: Patrick Everett.

Everett era la gran esperanza de Jack Morris. Era joven, rápido como una bala y tenía un disparo impresionante. El tiro del halcón, lo llamaba. Lo conocimos en un entrenamiento del New Team, cuando a varios jugadores del Otomo, entre ellos Jack Morris y Patrick Everett, les dio por pasarse a tocar las narices. De repente se pusieron a correr, le quitaron el balón a Oliver, y Everett demostró de lo que era capaz poniendo en práctica su letal disparo. Como era habitual, Alan Crockett hizo la estatua.

Ante tal exhibición, Oliver se preocupó y empezó a entrenar más y más. Patrick Everett parecía bueno y le iba a exigir dar el máximo si quería clasificarse para el Campeonato Nacional. ¿Qué pasó al final? Pues que, como sabréis, Patrick Everett resultó ser un bluf. Pero un bluf de los gordos, además.

Sí, Patrick Everett era rápido, más rápido que Oliver. Pero lo era solo cuando corría sin balón. Lo de conducir y correr ya no lo llevaba tan bien, pues al parecer le faltaba técnica. Así que si le echabas un mendrugo esperando que lo rematara la cosa no terminaba bien. O se la ponías templadita y al pie con la calidad de David Beckham o el tío no remataba. Y si lo hacía, la echaba fuera.

Y es que ese era el otro gran defecto de Patrick Everett: que no tenía puntería. El tiro del halcón era potente, un trallazo, y si iba a puerta era difícil de detener sobre todo si el portero era Alan Crockett. Pero al delantero del Otomo le costaba chutar entre los tres palos, así que cuando por fin se enfrentaron al New Team, Everett hizo el ridículo. Merecido se lo tuvo, eso sí, por pasarse de listo en aquel entrenamiento del equipo de Oliver.

Patrick Everett prometía maneras y resultó ser un fiasco.

Teo Sellers: el portero que ocupaba toda la portería

No nos vamos a andar con eufemismos: Teo Sellers estaba gordo. Pero lejos de avergonzarse por ello como podría suceder a cualquier preadolescente de su edad, Teo hizo que su principal característica fuera también su mayor fortaleza. Estaba gordo, era gigantesco y ocupaba toda la portería. Por lo tanto, nuestro protagonista resolvió que se convertiría en un gran portero. Y lo logró.

Es verdad que no era Benji ni tampoco Ed Warner. No se impulsaba desde el poste como hacía este último, pues Teo Sellers no era tan espectacular. Digamos que se trataba de un portero sobrio. Sin embargo, a pesar de su sobrepeso, era más ágil de lo que pudiera parecer. Alguna estirada ya se marcó, y eso que solía jugar con los ojos cerrados, característica que compartía con Bob Denver, el central gigante del New Team. Cuando paraba, Teo Sellers se relamía como si estuviera a punto de comerse un buen chuletón.

El caso es que al gigantón le iba todo de maravilla hasta que le tocó enfrentarse al New Team de Oliver Atom. Teo Sellers no había encajado ningún gol, y se proponía continuar con la racha hasta vencer en el campeonato nacional. Pero el New Team le dio un buen baño de realidad, pues hacía falta algo más que ser un grandullón para ganar el campeonato nacional.

Y eso que durante los primeros minutos el partido estuvo igualado. Oliver y compañía no sabían cómo marcar gol hasta que descubrieron el punto débil de Teo Sellers: era grande, enorme, por lo que los tiros rasos no los llevaba tan bien. Además los listillos del New Team se percataron de que en esto del fútbol se le podía pasar a un compañero para que marcara gol, o sea que no siempre había que tirar un trallazo desde fuera del área. Esto sí que fue un descubrimiento. De modo que el equipo de Oliver puso en práctica sus nuevos hallazgos y terminó goleando al Nord Ford. Fácil y sencillo.

Eso sí, el pobre Teo Sellers se agarró un cabreo de los gordos. No estaba acostumbrado a perder y no encajó bien la derrota. Incluso estuvo a punto de soltar algún sopapo a sus rivales, pero al final se dedicó a lamentarse desconsolado. Se hizo ilusiones y llegó a pensar que podía ganar el campeonato nacional, pero pasó de estar imbatido a recibir una goleada. Como decía arriba, las derrotas a veces son crueles.

Jeff Turner: el alcohólico que entrenó a Mark Lenders

Jeff Turner fue el entrenador más importante que tuvo Mark Lenders. Cuando el chaval apenas tenía doce años, Turner le enseñó a jugar con garra, a dar codazos a sus rivales de manera que no pitaran falta y a agujerear las redes de sus rivales de un balonazo. Lenders aprendió lo más importante de este peculiar entrenador: para triunfar debía ser agresivo. Y estuvo a punto de ganar el campeonato nacional. Pero amigos, la sombra de Oliver Atom era alargada.

Un día Mark Lenders, acompañado de sus inseparable Dani Mellow y Ed Warner, abandonó el Muppet para ingresar en las filas del Toho, porque el dinero siempre ha sido el dinero y Jeff Turner no parecía tener mucho de eso. Tenía cerveza o sake, eso sí, o lo que demonios le diera por beber. El caso es que nuestro protagonista se dedicó a la bebida y siguió entrenando a un Muppet muy mermado por las bajas. Jeff Turner sabía que con sus actuales jugadores sería imposible ganar el campeonato nacional, que esa oportunidad ya había pasado cuando había contado con Mark, Dani y Ed, pero aun así continuó dando lecciones de vida a aquellos chavales que tanto lo admiraban. Porque Jeff Turner llevaba en el corazón entrenar. Y beber de vez en cuando, claro.

Y para demostrar lo desinteresada que era su manera de actuar, un día se acercó hasta su antiguo jugador Mark Lenders y le cantó las cuarenta: "En el Tohu te has vuelto blando", le dijo. "¡Eres un tigre sin dientes!", le espetó, y apareció en pantalla, efectivamente, la maravillosa imagen de un tigre desdentado. Fue uno de los mejores momentos de Oliver y Benji. A Mark aquello le pilló por sorpresa. ¿Quién iba a esperar que lo insultaran de aquella manera? Así de sopetón. 

El delantero del Toho se tomó muy en serio las palabras de su antiguo entrenador y se marchó a la playa. Porque debía recuperar aquella garra como fuera, así que estuvo chutando contra las olas. Y chutó, y chutó. Y siguió chutando. A pesar del tiempo y de la tempestad. A pesar de la lluvia. Hasta que por fin consiguió atravesarlas con el balón. Acababa de nacer un nuevo y letal disparo: el tiro del tigre.

Todo había sido gracias a Jeff Turner y a sus sabios y generosos consejos. Llamar tigre sin dientes a Mark fue suficiente para que el chaval fuera a la playa a arriesgar su vida y descubriera una nueva habilidad. Jeff Turner sí que se preocupaba por Mark, no como aquel antipático entrenador del Toho que no le pasaba una. De modo que Turner demostró tener carisma y unos métodos eficaces. Aun así no pudo ganar el campeonato nacional porque le desmantelaron el equipo tirando de talonario. Pero en fin, al menos bebida no le faltó.

Alan Crockett: el portero que tenía miedo al balón

Benji era el portero titular del New Team y una de sus grandes estrellas, pero solía estar lesionado. Así que en realidad el guardameta titular solía ser Alan Crockett. Benji y Alan se parecían en varias cosas: eran porteros, se colocaban bajo palos y se ponían guantes. Y hasta aquí las similitudes entre estos dos personajes, porque entre ellos había una gran diferencia: Benji era un genio y Alan era malísimo. Pero malo, malo. Malo con avaricia, algo así como el Karius de Oliver y Benji.

¿Por qué jugaba entonces Alan de portero? ¿De verdad no podía el New Team conseguir alguien mejor? Supongo que es algo que se preguntaba todo el mundo, Oliver Atom incluido. Alan no solía parar, sino que acostumbraba a hacer la estatua con los ojos bien abiertos hasta que el balón estaba en la portería. Daba igual que el disparo fuera potente o flojo. Croquett paraba alguna vez, sí, pero con la frecuencia de un eclipse. Era tan malo que Oliver ya sabía que tendría que marcar unos cuantos goles de más para compensar el estropicio que iba a provocar Alan. Pero no era solo que el portero suplente del New Team fuera malo, sino que además tenía miedo al balón.

Sucedió durante el primer enfrentamiento entre el New Team y el Muppet. Mark Lenders era un chaval agresivo que chutaba fuerte y daba codazos con la permisividad arbitral. Y además, Mark Lenders tenía instinto. Así que el discípulo de Jeff Turner olió la sangre y supo sacarle partido. ¿Cuál era el punto débil del New Team?, debió de pensar. Pues a falta de Benji Price, la portería era claramente la peor parte del equipo de Oliver. Mark lo sabía, y por eso resolvió que se encargaría de ello. 

Como buen estratega, el delantero del Muppet trazó un plan. No demasiado elaborado, eso sí, pero efectivo. Lenders arrebató el balón a Oliver y chutó apuntando al rostro de Crockett. Y obviamente este no reaccionó, sino que recibió un balonazo en la cara y encajó gol. Gotas de sangre y el balón en la red. Y gol, golazo del Muppet. Pero además Crockett había salido mal parado. Se quedó en el suelo, temblando con las manos en la cara y la mirada perdida. ¿Había miedo en aquellos ojos? Sí, claro que sí. Miedo y pánico. El pobre Crockett estaba aterrorizado.

Y con esto tuvo que lidiar el portero suplente del New Team. Cada vez que se acercaban los rivales, Alan Crockett hacía la estatua y el balón entraba. Era un trámite, pues todo el mundo sabía que no lo iba a detener, pero a pesar de todo Alan Crockett siguió jugando. Hasta que Oliver le dio una lección: le dijo que el balón era su amigo y asunto arreglado. ¿Y si Mark Lenders le arrancaba la cabeza de un balonazo?, pensábamos todos. Pues el balón seguía siendo su amigo igualmente, claro que sí.

Y a pesar de todo, Alan Crockett ganó el campeonato nacional. Un campeón.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Los mejores guerreros de Joe Abercrombie

Hace unos días el escritor Juan Gómez-Jurado publicaba un tweet en el que decía algo así como "ha vuelto dios". El tweet mostraba una foto de La Sabiduría de las Multitudes, la tercera parte de la trilogía La Era de la Locura de Joe Abercrombie. Le respondí que sí, que el escritor inglés es el mejor, a lo que otro tuitero objetó que tanto como el mejor no es, pues Sanderson está un escalón por encima. 

Bueno, ya sabéis que a mí Sanderson también me gusta, pero ahora mismo estoy leyendo El Problema de la Paz y tengo que reconocer que me divierto más con Abercrombie. Cuestión de gustos, supongo. Su tono pesimista y sarcástico, su humor y sobre todo sus personajes no tienen parangón. He descubierto que soy más de grimdark, ese tipo de fantasía realista, pesimista, cruda y sangrienta que desmitifica la épica. Y esto es justo todo lo que me ofrece el bueno de Abercrombie. Todo esto y los mejores personajes que he conocido jamás, claro. Por eso devoré Un poco de odio (mi reseña) y por eso El Problema de la Paz me tiene tan enganchado. Así que como digo, Abercrombie crea personajes como nadie, pues consigue que empaticemos con ellos aunque sean asesinos o torturadores. Todo suele depender del punto de vista. 

El caso es que en un mundo tan violento como el de Abercrombie abundan los guerreros, y el otro día, leyendo una escena de El Problema de la Paz, me pregunté cuál de ellos era el mejor de todos. ¿Quién es el mejor guerrero de todo el universo Abercrombie?, pensé. No tuve problema para decidir el primer puesto, y supongo que todo el que haya leído a Abercrombie lo tiene claro. Y si alguien tiene dudas me lo puede decir a la cara en los comentarios 😆 

Pero ¿quiénes son los cinco mejores guerreros que ha creado el autor de Lancaster en sus libros? Ojo, que aquí ya puede haber más debate. Me he frotado el bigote de lo lindo, le he estado dando vueltas al asunto y ya lo tengo claro. Os dejo mi particular ranking de mejores guerreros de Joe Abercrombie.

5 - Gunnar Broad

Gunnar Broad es un tipo que tiene dos caras. Su intención es no crear problemas, pues se lo ha prometido a su mujer y quiere mantener a salvo a su familia como sea. No es mala persona, pero lo que mejor se le da es pelear. Y no es solo que sea lo que mejor hace, sino que disfruta haciéndolo aunque él mismo se intente convencer de lo contrario. Y es que en el fondo Gunnar Broad sabe que disfruta con la violencia. Cuando se quita las gafas es momento de salir corriendo porque este tipo es capaz de cometer cualquier barbaridad. Tiene un puesto en este privilegiado ranking porque es sin duda uno de los personajes más peligrosos de las novelas de Abercrombie.

4 - Caul Escalofríos

Es una de las leyendas del norte, y después de Nueve el Sanguinario quizá haya sido el personaje más temido del Círculo del Mundo. Tiene un ojo de cristal y su voz suena como un susurro amenazante. Vamos, que es un chungo y por eso su apodo Escalofríos le viene como anillo al dedo. Todo hombre que valore su vida se aleja cuando Escalofríos aparece.

Escalofríos es un tipo inteligente. En su día quiso vengarse de Logen Nuevededos, pues responsabilizaba a éste de la muerte de su familia. Sin embargo, tuvo el criterio suficiente para percatarse de que aquel enemigo era quizá el único que le venía demasiado grande, por lo que nunca fue capaz de completar su venganza.

En cualquier caso, Escalofríos es un gran guerrero y un gran asesino, como ha demostrado más de una vez. Tiene un papel decisivo en Los Héroes. En la última trilogía, a pesar de ser ya una vieja gloria, sigue comportándose como un asesino de lo más eficaz.

3 - Dow el Negro

Otro guerrero norteño de armas tomar. Formaba parte de aquel grupo de legendarios guerreros que lideraba Logen Nuevededos: Sabueso, Tresárboles, Tul Duru, Hosco Harding y el propio Dow el Negro. Eran grandes leyendas lideradas por la mayor leyenda de la historia del Círculo del Mundo, pero Dow el Negro era un tipo ambicioso y aprovechó su momento.

Ha demostrado ser un gran luchador y tuvo su momento de gloria liderando al Norte contra la Unión. Es despiadado, feroz y violento. Ahora que lo pienso, Stour Ocaso me recuerda bastante a él. 

2 - Bremer dan Gorst

Uno de los mejores personajes de las novelas de Joe Abercrombie. Es de largo el mejor guerrero de la Unión, y si fuera un norteño sería una leyenda y se cantarían canciones sobre él. Luchó contra Jezal en la final del torneo de esgrima y perdió, pero debería haber ganado de manera incontestable. En Los Héroes demostró que él solito es capaz de encargarse de un batallón de enemigos.

Sin embargo, todo lo que Gorst tiene de gran guerrero lo tiene también de pobre hombre. A pesar de ser un tipo enorme, su voz es posiblemente la más aguda de todo el Círculo del Mundo, lo que lo convierte a menudo en un personaje ridículo. Quizá por eso, y por sus complejos y por la injusta derrota que sufrió ante Jezal, no disfruta precisamente de la vida y solo es feliz matando en una batalla.

Gorst es un desgraciado pero es el mejor guerrero de la Unión.

1 - Logen Nuevededos: el Sanguinario

Palabras mayores. El mayor guerrero que ha creado Joe Abercrombie. Un mito, una leyenda. Las nuevas generaciones de guerreros quieren ser como él y matar como él lo hacía. Y claro, esto es imposible. Y es que solo existe un Nueve el Sanguinario. Logen terminó invicto todos sus duelos en el círculo, mató a incontables enemigos y amigos, asesinó a niños, a grandes guerreros, a todo lo que se le puso delante. Incluso venció a un monstruo como Fenris el Temible cuando parecía imposible.

Lo mejor de todo es que Abercrombie consigue que veamos a Logen como una especie de bonachón, un tipo que no parece precisamente mala persona. Logen a menudo se encoge de hombros y dice que hay que ser realista. Tiene una visión práctica de la vida y suele soltar frases de esas que valdría la pena subrayar. Cuando le preguntan cómo ha conseguido ganar siempre se limita a afirmar que en gran parte es gracias a que ha tenido suerte.

Pero si Logen se ha ganado el apodo El Sanguinario es por algo. Cuando entra en modo el berserker, Logen Nuevededos se transforma y se convierte en el mayor asesino que ha existido jamás. Y entonces es un tipo despiadado e invencible. ¿Os acordáis de William Munny en Sin Perdón? Ya sabéis, ese personaje interpretado por Clint Eastwood. Wiliam Munny, el asesino de niños, el violador de mujeres (qué gran final tiene esta película). Un tipo tranquilo que se transformaba en el asesino más cruel del oeste cuando bebía. Bueno, pues Logen es algo parecido. El propio Abercrombie ha reconocido más de una vez que Sin Perdón es probablemente la película que más influencia ha tenido en sus libros. 

Logen Nuevededos es el mejor guerrero de Joe Abercrombie.


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viernes, 25 de febrero de 2022

Las cinco mejores películas de Steven Spielberg

Si algo tiene Steven Spielberg es que logró conectar con el gran público desde el principio. Supongo que algún detractor tendrá el director estadounidense, pero cuesta encontrarlos. También existe gente a la que no le gustan los yogures, e incluso es posible que haya personas a las que no les gusta el pollo asado. No hay evidencias de esto último, pero todo es posible en esta vida. Seguramente conviven avergonzados entre nosotros y mantienen oculto su secreto, como los extraterrestres de la película "Están vivos" de Carpenter.

El caso es que siempre podemos encontrar algún rarito. Sin embargo, nadie negará que Steven Spielberg es un director que gusta. Y si gusta, es porque es muy bueno. Un genio.

Pero, ¿cuáles son sus mejores películas? Aunque tiene unas cuantas que merecerían un sitio en esta lista, me voy a limitar a poner cinco. O sea que tendré que descartar algunas de las importantes, qué le vamos a hacer. Si alguna de vuestras favoritas se queda fuera no me lo tengáis en cuenta y pensad en los de los yogures y los del pollo asado. ¡Ellos sí merecen arder en el infierno!

5 - El Diablo sobre Ruedas: la gran opera prima de Spielberg

Os hablaba hace unas semanas de El Diablo sobre Ruedas (1971) y os decía que me encantó. La vi siendo pequeño pero fue un placer volver a verla. Fue la primera película de Spielberg, y en un principio fue creada para la televisión. Más tarde, debido a su éxito, fue llevada al cine.

En aquellos tiempos Steven Spielberg no era la gran figura que terminó siendo. No le salía el dinero por las orejas, pero sí tenía talento de sobra y lo demostró con esta película. Y eso que el planteamiento no puede ser más simple: un coche quiere adelantar a un camión cisterna y éste no le deja. El conductor del camión la toma con el coche y decide hacerle la vida imposible. Le dice que le adelante cuando vienen coches en dirección contraria, lo empuja por detrás para que el tren lo atropelle al pasar... De todo. Es un angelito el camión, un buen tipo. Sin duda, tiene sentido que en castellano titularan la película El Diablo sobre Ruedas. En inglés se llama Duel.

El Diablo sobre Ruedas es genial por la tensión que consigue transmitir. Solo muestra las largas de un camión, carretera y el rostro bigotudo y preocupado del protagonista. Pero cuando aparece el camión tras un túnel y lo vemos acercarse lentamente sentimos un inquietante escalofrío. La película no tiene grandes efectos ni grandes giros de guion, y tampoco hace falta. El Diablo sobre Ruedas tiene suspense para regalar y es una genialidad. Steven Spielberg ya prometía maneras.

4 - Salvar al Soldado Ryan: el mejor comienzo del cine bélico


Vi Salvar al Soldado Ryan (1998) cuando se estrenó en el cine y todavía tiemblo cuando recuerdo el desembarco. Los rostros de unos hombres que saben que van a morir, la constante sensación de peligro, las balas atravesando cuerpos en el agua, un tipo recogiendo su brazo del suelo, Tom Hanks aturdido mientras le hablan. Todo. La primera media hora de esta película es tan apabullante que me marcó para toda la vida. Bueno, a mí y a tantos y tantos videojuegos que se han inspirado en la cinta de Spielberg para crear sus cinemáticas. Hablo de juegos como Call of Duty o Medal of Honor, por poner dos ejemplos.

Salvar al Soldado Ryan nos cuenta una historia que desgraciadamente debió de producirse. Todos los hermanos de un soldado americano, en este caso James Ryan, han muerto en combate en la Segunda Guerra Mundial. Tras el desembarco de Normandía unos hombres deben buscar a Ryan para llevarlo de vuelta a casa.

La película de Spielberg nos muestra toda la crudeza de la guerra. Desde el principio tenemos claro que la vida pende de un hilo todo el tiempo, pero ademas los personajes y los conflictos que se crean entre ellos son interesantes. ¿Merece la pena que un puñado de hombres arriesgue su vida por salvar a uno solo? ¿Hay que seguir los códigos de conducta bélicos y hacer prisioneros o es razonable dejarse llevar por la sed de venganza en una situación límite? Todas estas cuestiones se plantean a través de unos personajes sobresalientes, entre los que destacan Tom Hanks y Matt Damon.

Salvar al Soldado Ryan es una obra maestra.

3 - Jurassic Park: los dinosaurios de Spielberg

Parque Jurásico (1993) despertó la fiebre por los dinosaurios en los años noventa. Los niños de la época compramos muñecos, libros y cromos, y fuimos capaces de decir palabras tan largas como velocirraptor o dilofosaurus gracias a esta película, cosa que no lograron las monjas de mi colegio. Nada como estar motivado para aprender.

La cinta de Spielberg está basada en la novela homónima de Michael Crichton. El multimillonario John Hammond ha conseguido crear un parque temático de dinosaurios en una isla gracias al milagro de la clonación. Pero antes de abrir las puertas del parque al público, Hammond necesita que varios expertos avalen la viabilidad del parque. No vaya a ser que al tiranosaurio le dé por desayunar niños con patatas. Por eso el multimillonario invita a dos científicos y un matemático a la isla. Sin embargo, cuando comienza la visita las cosas empiezan a torcerse. Un poquito. Ejem.

Jurassic Park supuso un antes y un después en el uso del CGI. Es verdad que si vemos la película hoy notaremos qué escenas están creadas con ordenador y cuáles no, pero recordad que estamos hablando de 1993, y en aquellos años no se había creado nada a este nivel técnico.

Lo curioso de Jurassic Park es que solo tiene seis minutos de dinosaurios con CGI. Los otros nueve fueron creados con muñecos físicos en movimiento. O sea, que en total Jurassic Park tiene quince minutos de dinosaurios. ¿Solo? Entonces, ¿por qué tenemos la sensación de haber estado viendo dinosaurios durante toda la película?

Pues porque la dirigió un tal Steven Spielberg que volvió a demostrar que era un gran director. En realidad, esto de mostrar poco a los animalitos ya lo hizo en Tiburón: durante la película apenas se veía al muñeco (porque aquel tiburón, nos guste o no, era un muñeco) pero veíamos agua, una aleta acercándose y escuchábamos la inigualable música de John Williams que nos ponía los pelos como escarpias. Y no hacía falta mostrar más. 

En Jurassic Park Spielberg hizo algo parecido. Por ejemplo, nos avisó de que se acercaba el tiranosaurio mostrándonos el temblor de un vaso de agua. Y nos puso la piel de gallina.

Jurassic Park no es perfecta. Tiene varias cosas que chirrían, y sobre todo tiene un final demasiado "afortunado", pero se le perdona todo. Solo hay que acordarse del tiranosaurio atacando los coches, o de los velocirraptores en la cocina, o de la teoría del caos que esgrime el excéntrico doctor Malcolm. 

Jurassic Park es una película maravillosa.

2 - Tiburón: cuando Spielberg llevó el terror a las playas de todo el mundo

Tiburón (1975) es una película que siempre entra bien. La vi de pequeño, de adolescente y de... Bueno, de mayor (dejémoslo ahí). Y siempre he disfrutado como un enano con esta película de Spielberg. Tuve el privilegio de verla hace pocos años en el cine en versión original y fue una experiencia fantástica. La cinta hará medio siglo dentro de tres años, pero si la vemos hoy nos sigue transmitiendo muchas cosas.

El nombre original de la película es Jaws, está basada en la novela homónima de Peter Benchley y nos cuenta que un enorme tiburón ataca a los bañistas de las playas de Amity Island. Martin Brody es el sheriff y debe hacer todo lo posible por mantener a salvo a la población, pero el alcalde no quiere alarmar a los turistas para aprovechar al máximo la temporada estival. Hay que hacer negocio, ya sabéis. Mientras tanto el tiburón, que de negocios entiende poco pero de ponerse las botas sabe bastante, sigue haciendo de las suyas por las aguas de Amity Island. Al final, el sheriff emprende la caza del animalito junto al oceanógrafo Matt Hooper y al cazatiburones profesional Quint, cuyo bigote es de lo mejorcito de la película. Que ya es decir.

Tiburón me encanta porque es suspense puro y duro. ¿Cómo es posible que nos ponga en tensión simplemente enfocando el agua? Spielberg juega constantemente con mostrar a los personajes en el mar, pues el espectador sabe que el tiburón puede estar cerca. ¿Por qué tarda tanto en salir del agua ese tipo?, nos preguntamos. ¿Le atacará el tiburón ahora? El director estadounidense consigue que el agua cristalina y calmada del mar, brillante por los rayos de sol del plácido verano, se convierta en un lugar peligroso del que hay que salir cuanto antes. Mientras permanezcan en el agua los personajes estarán indefensos. Por supuesto, John Williams pone un grano de arena importante para lograr todo esto.

Tiburón también tiene unos personajes sobresalientes. Roy Scheider (el sheriff Brody), Richard Dreyfuss (el oceanógrafo Hooper) y Robert Shaw (el cazatiburones Quint) tienen una conversación en el barco que pone los pelos de punta. Sin agua, sin tiburones, sin la música de Williams. Porque los actores son buenos, el guion es bueno y el director también.

Tiburón es una gran película.

1 - Indiana Jones y la Última Cruzada: la mejor película de aventuras de la historia

Así de claro. Indiana Jones y la Última Cruzada (1989) es una película perfecta. Vale, no seáis puñeteros y olvidaos de Donovan envejeciendo y deshaciéndose tras beber del cáliz equivocado. Le habría venido bien un poco de crema hidratante pero Indy no tenía Nivea en aquel momento. Así que el alemán no envejeció demasiado bien y esa escena de la película tampoco lo ha hecho. Pero da igual. ¡Os digo que la película es perfecta!

Indiana Jones y la Última Cruzada se disfruta de principio a fin porque lo tiene todo: un argumento apasionante (¡el Santo Grial!), unos personajes inmejorables (con Harrison Ford y Sean Connery), escenas de acción que siguen siendo geniales, humor del bueno, unos villanos con galones (los nazis) y por supuesto la magia de John Williams.

Esta vez Indiana Jones tiene que rescatar a su padre, un arqueólogo que ha desaparecido mientras buscaba el Santo Grial. El cáliz de Cristo ha sido la obsesión del padre de Indy durante toda su vida, y por eso ha sido capaz de elaborar una libreta que contiene todos los secretos para hallar por fin el preciado tesoro. La libreta llega a manos de Indiana Jones, quien tendrá que seguir paso a paso las anotaciones de su padre.

Vi hace poco Indiana Jones y la Última Cruzada y me sorprendió lo buena que sigue siendo. Spielberg consigue que veamos la película de principio a fin con una sonrisa de satisfacción. Y no da tregua. Todo lo que pasa es interesante, sorprendente, impactante. Incluso los momentos relajados contienen diálogos que enganchan, con personajes carismáticos e información que atrapa por ser el Santo Grial el tema central de la película.

Como digo, casi todo es bueno en Indiana Jones y la Última Cruzada (lástima la Nivea de Donovan), pero me quedo sobre todo con tres cosas: 1) la relación entre Sean Connery (padre) y Harrison Ford (hijo); 2) los toques de humor del bueno que se echan en falta en las películas de hoy, como cuando Indiana Jones lanza a un tipo por la ventana del zepelín y dice: "¡No tenía billete!"; 3) la banda sonora de John Williams, otra de sus genialidades.

Indiana Jones y la Última Cruzada es la mejor película de aventuras de todos los tiempos.

martes, 15 de febrero de 2022

Saint Seiya: los mejores momentos del anime

Los Caballeros del Zodíaco, o Saint Seiya, fue una de las series que marcaron mi infancia. Aquel anime tenía todos los ingredientes para volver locos a los niños de principios de los noventa: espectaculares armaduras de diferentes signos del zodíaco, ataques especiales con meteoros y rayos, mitología griega mezclada con frikismo japonés y un poco de sangre. Bueno, en realidad bastante sangre.

Y eso que el manga original de Masami Kurumada era todavía más violento, pero aun así la cantidad de líquido rojo que mostraba el anime no era poca cosa. Al fin y al cabo, eran otros tiempos. Los niños de la época veíamos películas como Robocop o Conan el Bárbaro, y jugábamos a videojuegos como Mortal Kombat. Los bigotes, incluso, tuvieron su momento de gloria en los años ochenta. Y así de torcidos hemos salido, supongo.

Mi hermano y yo grabábamos los capítulos en cinta VHS y los revisionábamos cada dos por tres. No existía Youtube, de modo que nos terminábamos sabiendo de memoria los diálogos de cada capítulo. Siempre acabábamos viendo lo mismo, pero nos lo pasábamos pipa. Lo malo de contaros todo esto es que, como habréis deducido, tengo exactamente la edad de Yoda. Lo bueno es que como vi tantas veces aquellos capítulos puedo escribir este artículo tirando de memoria y sin volver a verme nada. Así que allá voy.

¿Cuáles fueron los mejores momentos del anime Saint Seiya? Os cuento.

Seiya salva a Shiryu de un puñetazo en el corazón

Ya solo el planteamiento de Saint Seiya era una fantasmada: gente que se movía a la velocidad del sonido, caballeros de oro que alcanzaban la velocidad de la luz, la reencarnación de la diosa Atenea, un tipo que estiraba sus cadenas hasta dios sabía cuánto y otro que congelaba todo lo que tocaba. Gente rara, en definitiva. Y otras muchas cosas, claro. Pero todo esto lo aceptábamos y, de hecho, nos encantaba.

Ahora bien, si hablamos de fantasmadas no podemos olvidarnos del final del combate entre Pegaso y Dragón, pues fue sin duda uno de los momentos más memorables de Saint Seiya.

Os pongo en situación. Los caballeros de bronce habían seguido un duro entrenamiento durante años para ganarse su armadura, pero aquel entrenamiento les lució más a unos que a otros. Por ejemplo, el caballero del oso terminó con los brazos destrozados ante Seiya, y el caballero de Hydra, el tipo más inofensivo pero con más carisma de toda la serie, no tuvo su mejor día ante Hyoga. Un Hyoga que en aquellos primeros episodios parecía demasiado encantado de conocerse.

El caso es que a falta de que llegara Ikki, los Seiya, Shiryu, Hyoga y Shun estaban muy por encima de los demás caballeros en el famoso torneo que había organizado la estirada Saori. El ganador se llevaría la armadura de oro y la cosa empezaba a ponerse interesante. Porque Shiryu y Seiya eran dos de los favoritos y les tocaba enfrentarse.

A priori el combate parecía estar igualado, pero Seiya empezó haciendo el ridículo. Como siempre. Tenía la mala costumbre de comenzar los combates arrastrándose, y contra el Dragón no se salió del guion. Shiryu derribó a Seiya con facilidad en varias ocasiones, pero el caballero de Pegaso volvía a levantarse una y otra vez. Aunque la serie estaba en sus primeros capítulos, ya empezaba a vislumbrarse la capacidad de arrastrarse que tenía el protagonista. Y gracias a esa habilidad, poco a poco y base de insistir, Pegaso empezó a darle la vuelta a la contienda.

Y es que así era como se ganaban los combates en Saint Seiya: a base de ser cansino. El que más tragaba terminaba ganando, y esto fue exactamente lo que pasó entre Seiya y Shiryu. El Dragón se las prometía felices pero no contaba con que se enfrentaba a un loco.

En un momento dado, Seiya decidió que su mejor opción era destruir el escudo de su rival con la cara. Y curiosamente y contra toda conclusión lógica a la que podáis llegar, la jugada le salió bien. Los dos caballeros decidieron quitarse la armadura para que el público pudiera ver sus esculpidos cuerpos. Y tras esto, los meteoros de Seiya comenzaron a ser más y más certeros. Fue entonces cuando se produjo la tragedia.

Pegaso y Dragón se golpearon al mismo tiempo, uno en la cara y el otro en el corazón. Y el insistente e inmortal ganador, como sin duda sabréis (de lo contrario no sé qué demonios hacéis leyendo esto), fue Seiya. 

Fue una gran victoria, algo así como cuando el Liverpool le remontó un 3-0 al Milán en la final de la Champions: al principio parecía imposible, pero terminó sucediendo. Sin embargo, el caballero de Pegaso apenas pudo celebrar su sufrida victoria porque había un pequeño contratiempo: Shiryu no tenía pulso y el dragón de su espalda había empezado a desaparecer. Lo que significaba que el caballero del Dragón estaba a punto de morir.

Había que hacer algo con urgencia, y el sabelotodo Hyoga, que había visto todo el combate con los brazos cruzados y dando lecciones de mitología, sabía exactamente qué era aquello que debía hacerse. Seiya se proponía golpear a Shiryu en el corazón justo con la misma fuerza empleada en su anterior ataque. Si acertaba, le pondría el corazón en marcha otra vez. Porque aquí todo se arreglaba a hostia limpia. Pero entonces el cisne bendijo a todos con su vasta sapiencia y dio un consejo clave a Seiya.

—Espera majo— le dijo.—A esa distancia le vas a reventar el corazón. Tienes que dar tres pasos atrás y así seguro que lo revives.

Y eso fue justo lo que pasó. Seiya hizo caso a aquel tipo rubio que tanto parecía saber y se alejó exactamente tres pasos. Entonces cogió carrerilla y zasca, golpeó a Shiryu en el lugar correcto. Shun, que sujetaba el inminente cadáver, y el propio Shiryu, volaron por los aires, y cuando cayeron y se estrellaron contra una pared el tiempo pareció detenerse. Hubo un silencio, y la tensión se podía cortar con un cuchillo. El estadio enmudeció. Hasta que un latido volvió a escucharse y el público rugió de alegría y emoción.

Seiya había salvado a Shiryu y éste estaría en eterna deuda con él. 

Fue un momentazo.

Shiryu revive las armaduras de Pegaso y Dragón con su propia sangre

Shiryu se tomó demasiado a pecho lo de estar en deuda con Seiya. El caballero de Pegaso le había salvado la vida, y por eso Shiryu parecía empeñado en sacrificar su vida con tal de hacer cualquier favor a su nuevo amigo Seiya. Que quizá no fuera necesario, pero él seguía erre que erre con lo de que le debía la vida. 

De modo que el caballero del Dragón parecía obligado a hacer cualquier locura. Para compensar y eso, supongo. ¿Que no has leído la Tienda de Stephen King? Pues me inmolaré para que consigas el libro. ¿Que no has leído todavía al gran Joe Abercrombie? Espera que me tiro por el barranco y ya verás qué bien escribe este tío. Y así. Más tarde le dio por quedarse ciego cada dos por tres, pero ésa es otra historia. En general, Shiryu era muy de sacrificarse.

En esta ocasión la excusa para devolverle el favor a Seiya fueron las armaduras de Pegaso y Dragón. El combate entre estos dos caballeros había sido encarnizado, y al parecer las armaduras habían sufrido más de lo deseable. Tanto, que en realidad debían de estar muertas. Y os preguntaréis: ¿Muertas? ¿Es que las armaduras pueden estar vivas? ¿No son acaso trozos de metal? Pues según Mu de Aries, que de esto sabía un rato, sí. Las armaduras tenían vida, y las de Pegaso y Dragón estaban más fiambre que el bigotudo de "Este muerto está muy vivo".

Mu le dijo a Shiryu que había una manera de reparar las armaduras. Y éste, ansioso por sacrificarse para demostrar lo buen amigo que era, fue todo oídos. "La única manera de resucitar las armaduras es bañándolas con sangre de caballero", le dijo Mu. Y claro, esto fue música para los oídos de Shiryu.

El caballero del dragón se cortó las venas de las dos muñecas sin pensárselo demasiado, casi antes de que Mu terminara de hablar, y puso sendos chorros de sangre sobre las armaduras de Pegaso y Dragón. Y estuvo un rato. Todo debía hacerse por el valor de la amistad y Seiya le había salvado la vida. Claro, claro. Todo ese rollo, ya sabéis. El caso es que al final Shiryu se puso más pálido que el conde Drácula y se desmayó. ¿Sobreviviría? ¡Por supuesto que sí! Estos tíos eran inmortales.

Recuerdo a mi yo de diez años preguntándose cómo podía alguien llegar a hacer semejante barbaridad. En cualquier caso, si alguien todavía está leyendo este artículo y le entran ganas de cortarse las venas para resucitar las armaduras de sus amigos, recordad: ¡No hagáis esto en vuestras casas!

Ikki consigue la armadura del Fénix

"¡Esmeralda! ¡No! ¡Tú no!"

Aún resuena en mi cabeza el grito agónico de Ikki. Lo recuerdo moviendo brazos y piernas de manera extrañísima y con una voz que era una mezcla entre Julen Guerrero y Oliver Atom. Aquello era una tragedia e Ikki estaba sufriendo lo indecible. ¿No os acordáis? Os refresco la memoria.

Hay que remontarse unos años atrás para entender lo que sucedió. Todo comenzó con un calvo abyecto, Tatsumi, el tipo que limpiaba el suelo por donde pasaba Saori. Tatsumi hizo un sorteo para decidir dónde iba a entrenar cada uno de los chavales huérfanos que se convertirían en caballero años después. Se le veía la sonrisilla antes de sacar las papeletas. "La que voy a liar", debió de pensar. "Jijiji". Y comenzó a repartir suerte como si de un sorteo de Champions se tratara.

"Shiryu, a los picos de China", dijo. "Hyoga, a Siberia", sentenció. "Seiya, a Grecia, donde nacieron los caballeros", dijo. Y todos asentían y la cosa marchaba sin mayores problemas. Hasta que llegó el momento que Tatsumi estaba esperando. "Shun". Hubo un tenso silencio. Y levantó la voz: ¡LA ISLA DE LA REINA DE LA MUERTE! Y repitió, el cabrón, regodeándose: ¡LA ISLA DE LA MUERTE!

Una vez más, el drama estaba servido. Por si había dudas de la putada que aquello suponía, Tatsumi nos lo aclaró: "Eres el único que no tiene posibilidades de sobrevivir", le dijo a Shun. Y es que Tatsumi era un motivador nato. Pero entonces del fondo de la sala emergió una voz salvadora: "Necesito unas vacaciones, iré yo en su lugar".

Todos se giraron para ver quién había dicho aquello. Ikki en versión niño caminaba como un pavo, pecho inflado y cabeza alta, en dirección a Tatsumi. El futuro caballero del Fénix y el calvo tuvieron sus más y sus menos. Tatsumi no estaba de acuerdo con la propuesta de Ikki, ya que al parecer quería ver muerto a Shun a toda costa. La discusión subió de tono, y cuando la mejilla de Ikki estaba roja como un tomate gracias a un tortazo de Tatsumi, el abuelo de Saori llegó para poner orden: ¡Ya basta! Y se detuvieron. Entonces el viejo ricachón sentenció: "El destino ha querido que vayas a la Isla de la Muerte", le dijo a Ikki. Y así quedaron las cosas.

Tatsumi dio una paliza a Ikki por dejarle en ridículo delante del abuelo, pero lo que vino después fue mucho peor. Supongo que el nombre de la Isla de la Muerte os hace pensar en un lugar idílico, soleado, con un mar de color azul turquesa, la suave brisa acariciando vuestro rostro y turistas tomando el sol y bebiendo cerveza. El paraíso en la tierra. Pero no, la Isla de la Muerte no era exactamente así.

Para sorpresa de todos, la Isla de la Muerte era un lugar terrorífico. Estaba llena de volcanes en constante erupción y las temperaturas eran altitas. Y aun así, el lugar era lo de menos, porque lo que de verdad daba miedo era el maestro de Ikki.

Hay que ver la de lecciones de vida que nos dio este tío. "¡Odia! ¡Odia! ¡El odio te dará la fuerza!". Se lo decía a Ikki todo el tiempo, pero el chaval no aprendía. 

La verdad es que siempre me pregunté cómo fue capaz Ikki de aprender técnicas como  "El espectro del diablo" o el "Fénix volador" con un maestro como aquel. Que tenía sus cualidades, no os digo que no, como mucha mala hostia y las ideas claras. Pero se le notaba alguna carencia en cuanto a habilidades docentes, pues no parecía la persona más paciente del mundo. Sin embargo, Ikki era un tipo tan sorprendente que no solo aprendió técnicas molonas, sino que además consiguió la armadura del Fénix.

Y eso que le tocó bailar con la más fea. Su maestro le daba palizas todos los días, y hasta que no lo derrotara no conseguiría la armadura. Así que un día Ikki se dijo que ya bastaba, que había llegado su día, y que tenía que hacerse con la armadura como fuera. Se lo debía a Shun, aquel hermano de pelo verde por cuya culpa estaba él ahora tan jodido. 

Al ver la actitud de Ikki, su maestro debió de sonreír tras su inquietante máscara y empezó el combate golpeando a su discípulo sin piedad. Hasta que Ikki reaccionó y a punto estuvo de vencer. Pero cuando iba a dar el golpe de gracia, incomprensiblemente, se detuvo. "¿Por qué te detienes?", preguntó el maestro.

Y entonces un chorro de sangre apareció en pantalla. Y se oyó un grito.

El maestro de Ikki acababa de matar a su propia hija, Esmeralda, la chica que curaba las heridas de Ikki todos los días. Y una vez más sucedía una tragedia en Caballeros del Zodíaco. "¡Esmeralda! ¡No! ¡Tú no!", gritó Ikki con voz agónica.

Fue todo lo que necesitaba nuestro protagonista. Un aura lo rodeó, y tras él emergió un Fénix de Fuego. El odio invadió por fin a Ikki, que atacó a su maestro con todo. Golpeó y golpeó sin detenerse, y terminó atravesando con su puño el corazón de su maestro. El caballero del Fénix consiguió así su ansiada armadura y aprendió una sabia lección: ¡El odio te dará la fuerza!

Resulta que su maestro tenía razón.

Dohko se transforma: el momento más impactante de Saint Seiya

Vi la saga de Hades hace años, y aunque no recuerdo demasiado, sí me dejó dos ideas en la cabeza: 1) es una saga que volvería a ver y que recomiendo a todo friki que se precie, y 2) tiene el mejor momento que haya visto en un anime de Saint Seiya. Y no es que sea una escena especialmente sangrienta ni nada por el estilo. A veces los mejores momentos de la ficción se producen con simples diálogos y alguna cosita que pasa.

Si estáis leyendo esto, seguro que os acordáis de Dohko, el maestro de Shiryu. Era un enano de piel morada, una especie de Yoda en versión china. No era demasiado atractivo, y estaba siempre sentado frente a su amada cascada. De hecho, no se movió de allí ni si quiera para celebrar que Ismael había ganado la primera edición de Gran Hermano, cosa que sí hicimos el resto de los mortales.

Solían decir que Dohko era uno de los caballeros de oro más poderosos, pero nunca me lo terminé de creer. Primero porque parecía estar un poco mayor, y segundo porque mi yo de diez años no alcanzaba a imaginar cómo podía ponerse la armadura de Libra con ese cuerpo mínimo que tenía. Siempre me había resultado incomprensible. Y pasaron los años, y me hice mayor. Y aquella duda continuó instalada en el fondo de mi cabecita.

Hasta que vi la saga de Hades y llegó el capítulo de Dokho. Y me quedé un rato mirando a la pantalla con la boca abierta, porque mi vida acababa de cambiar para siempre

¡Todo tenía sentido!

Shion de Aries era el maestro de Mu, el caballero de oro de Aries. En la saga de Hades se iba a enfrentar a Dohko, que había aparecido para salvar a su discípulo, pero por motivos evidentes la contienda no estaba igualada. Shion conservaba su aspecto joven y parecía estar en forma, mientras que Dohko estaba como siempre. O sea: enano, viejo y feo. En ese momento, estando uno frente al otro, un servidor hubiera apostado todos sus euros a favor de Shion. Pero había llegado la hora de que Dohko nos revelara su gran secreto.

De repente, el cuerpo del maestro de Shiryu comenzó a agrietarse, y una luz blanca y deslumbrante emergió de su cuerpo y lo llenó todo. Shion no entendía qué pasaba, pero no tardó en comprobar que el viejo que tenía frente a él había desaparecido. En su lugar estaba el joven Dohko, su antiguo compañero el caballero de oro de Libra.

"¿Qué ha ocurrido con su cuerpo, maestro?", preguntó Shiryu. Y Dohko no los explicó. Hace 243 años había terminado la anterior guerra contra Hades, en la que solo habían sobrevivido Shion y Dohko. Al terminar la guerra, Atenea había entregado al caballero de Libra un don que hacía que su corazón latiera solo 100.000 veces al año. Es decir, que el corazón de Dohko latía en un año lo que debería haber latido en un solo día. ¿Resultado? Que para el cuerpo de Dohko habían pasado 243 días en vez de 243 años. 

Durante todos esos años Dohko había estado vigilando la torre que encarceló los 108 espectros del ejércitos de Hades. Gracias a ese don que Atenea le había entregado, el maestro de Shiryu estaba preparado para la siguiente guerra, pues seguía siendo el joven caballero de Libra.

¡Boooommm! Increíble. Inaudito. Sublime.

El mejor momento de Sain Seiya.